Verano fatal

Conozco ese lugar, comemos galletitas fritas que tu madre prepara en el momento, la cocina es pequeña, es un pasillo apenas, al fondo hay una puerta que conecta con el patio trasero que también es pequeño pero donde toda la familia entra, incluyendo.me.

Qué linda noche aquella del asado, «¿Quién quiere más chorizo?» ― pregunta Hugo ―, «¡Yo!» levanto la mano y grito desesperada mientras mastico el bocado de chorizo que aun no termino y sostengo en la otra el resto del embutido. Todos ríen, complacidos por el gusto con el que me ven comer.

¡Qué verano aquel!, con ese enero de casi 30° y la camperita puesta.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 + 1 =