FLORES AL PASAR

Qué sería de este mundo sin flores, sin su perfume en los salones, sin sus colores en los jarrones, sin flores tristes en los panteones, sería un mundo desflorado, sin pétalos, sin hojas, sin botones, sin colores, un mundo marchito y gris.

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EL ECO DE TU VOZ

Qué no te daría yo, por tenerte a mi lado
Leyéndome de nuevo un verso más.
Como hiciste alguna vez,
Como ya no has vuelto a hacer…

Caminabas de un lado a otro de la habitación; por la ventana, detrás del escritorio, pasaban los rayos del sol de aquel martes, y ese sol te iluminaba la espalda.

Yo estaba sentada y tranquila, y no hacía otra cosa más que escucharte y mirar tu ir y venir, mientras tratabas de explicarme eso que para ti era tan importante que yo comprendiera.

El piso de madera, el librero lleno de libros, la ventana angosta y alta, las cortinas blancas, el sol que brillaba sobre tu espalda, la silla tan cómoda, tu camisa marino de manga larga, tu jean negro, el sonido de tus pasos sobre el parquet, tus zapatos negros, tu cabello, tus gestos, haces ademanes con las manos intentando explicarte, al final te detienes frente a mí, te inclinas y apoyas tus manos en la silla, me miras y escucho tu voz, tus palabras que me hacen eco: ‘está bien, te lo voy a decir, tengo que decirte algo’.

Entonces, miro el reloj
6:30 am.

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INVENTARIO DE VIAJE

Viajé sola durante mucho tiempo, 
Viajé buscando.mé y buscando.té
Viajé con miedo, y viajé valiente
Viajé sin plata, y forrada en verdes
Viajé para olvidar y también para recordar
Viajé para no volver, pero siempre volví
Viajé, me fui, me dejé sorprender una y otra vez
Viajé a lugares donde nadie me esperaba y donde hoy hay corazones que esperan por mí 
Sembré y coseché
Primavera, verano, otoño, mil inviernos, en cualquier estación se puede ser feliz
Tiré piedras en ríos, en lagos, en la mar
Subí y bajé montañas, vi el sol ponerse y caer
Caminé sin rumbo, y con una dirección en la mano
Viajé en barcos, aviones, autobuses, subte, trenes, bicicletas y hasta en el auto de algún extraño
Me aventuré, confié, sin importar cuán frágil me sentía y cuán vulnerable era.

No más viajes en soledad, it´s over
La vida es buena.

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68

Compré flores para mi padre, y de pronto sentí, que no hay cosa más triste que regalarle flores a un muerto.

A 68 días de su muerte no logro entender cómo es que pasaron las cosas, cómo es que la vida se escapa en un suspiro y cómo es que ese último suspiro del cual él me hablaba —de cuando su madre murió en sus brazos— pudo alcanzarlo a él. 

Sigo sin entender cómo la muerte puede llegar a ser tan hija de puta y tan indiferente al dolor, sin importarle cuánto duela, sin importarle dejarnos huérfanos de padres, de hijos, de hermanos, de amigos, de amores.

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