Nunca Radiohead fue más sexy

Era una noche de verano, sí, como el sueño de Shakespeare, sólo que acá nadie se estaba casando. Fue en un bar de Chicago, del cual no recuerdo el nombre y tampoco hago el mínimo esfuerzo para recordarlo, porque el nombre no es lo importante, sino el qué, el cómo, y el quién.

Cuando llegué tocaba una banda de rock, me dirigí a la barra, pedí una cerveza (sin alcohol, porque prefiero la cerveza sin alcohol), y luego busqué un lugar cerca del escenario para oírlos tocar.

En cuanto me acerqué, comenzó a sonar Creep, de Radiohead, quien cantaba era la chica de la banda, de piel blanca, muy blanca, de cabello negro hasta los hombros y lacio por la planchita, de voz áspera, gruesa, muy entonada y sensual. Su atuendo: jean ajustado, botas negras al tobillo, camiseta blanca y una pulsera gruesa de cuero en una de sus muñecas. Le sentaba bien.

Recién empezó la canción canté al unísono con la chica, esa noche me sentía taaan bien [libre, feliz, superada], que canté con muchas ganas, porque cuando uno se siente bien dan ganas de cantar, ¿no es así?; y bien, ella en segundos lo notó, y por 3 min y 55 seg, sólo fuimos Ella y yo.

Algo pasó, un clic, una conexión, algunas sonrisas sí, ¿un guiño acaso? sí, no es que ‘algo’ en ella me atrajo de una manera especial, sino que toda ella era un imán.

Y que conste que mi cerveza no tenía alcohol.

Bueno, eso, que nunca Radiohead fue más sexy que esa noche.

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